Uriel Arnaldo Torres Zevallos
Egresado de la Facultad de Ciencias Biológicas ganó el Desafío Kunan 2025 con su proyecto sostenible KAWAT.
La infancia de Uriel Arnaldo Torres Zevallos transcurrió entre viajes familiares a distintas regiones del país, playas del norte y del sur, rutas de la sierra y ocasionales incursiones a la selva. Pero no eran simples vacaciones, esos desplazamientos despertaron en él una sensibilidad distinta. Mientras otros niños se concentraban solo en jugar, él observaba.
“Tenía mucha curiosidad por lo que me rodeaba. No solo me divertía, quería entender qué sucedía en un parque o en una playa, qué organismos formaban parte de esos ecosistemas que veía a mi alrededor. Esa curiosidad me llevó a estudiar Biología”, comenta.
Primeros pasos
Al terminar el colegio, no estaba seguro sobre su vocación. “Cuando acabé el colegio, no tenía claro qué estudiar, en parte porque a veces los padres influyen mucho en las decisiones de sus hijos. Con el tiempo, reflexioné por mi cuenta y pude decidir a qué quería dedicar los siguientes años de mi vida”, señala.
Eligió la Universidad Ricardo Palma (URP) tras revisar varias mallas curriculares y encontrar una propuesta académica amplia, que no lo encasillaba en un solo enfoque. Se dio cuenta de que esa formación integral le permitía mantenerse abierto a la investigación, al trabajo de campo, al laboratorio y, sobre todo, a la aplicación práctica del conocimiento.
Durante sus años universitarios, desarrolló una afinidad inmediata por todo lo relacionado con la zoología y el estudio de los animales. Se acercaba a los profesores, buscaba involucrarse en temas de investigación y trataba de ir más allá de las tareas obligatorias. Los cursos orientados a la química y la parte molecular los cumplía con responsabilidad, pero no con la misma pasión. Su interés siempre estuvo en comprender cómo funciona la vida en su dimensión ecológica, concreta y visible. Muy temprano, además, comenzó a cuestionar para qué sirve la investigación si no genera un impacto: “El conocimiento científico que se genera debe tener una utilidad”, reflexiona. Esa idea lo acompañaría durante toda su formación.
Vida universitaria
Su paso por la URP estuvo marcado por experiencias de campo que terminarían siendo fundamentales. Desde el segundo semestre académico, realizó voluntariados vinculados a su carrera. El primero fue en el Parque Zoológico de Huachipa, donde tuvo un acercamiento práctico al manejo y observación de animales. Luego, con la Municipalidad Distrital de La Punta, participó en estudios de aves y monitoreos de poblaciones locales.
Más adelante, como parte del Programa Punta San Juan, trabajó en la Reserva Nacional de Paracas, realizando estudios de lobos marinos y aves guaneras, incluyendo acciones de monitoreo y necropsias. Todos estos espacios le permitieron conectar la teoría con la realidad y entender cómo funciona el ecosistema peruano desde una mirada científica y social.
Sin embargo, el punto de quiebre en su vida profesional llegó cuando se trasladó a la Amazonía. Hace siete años fue convocado como consultor para estudios de diversidad de peces e insectos en comunidades nativas awajún. Este sería un trabajo temporal, pero terminó extendiéndose por cuatro años. En ese tiempo, encontró que la seguridad alimentaria de las comunidades de la zona estaba debilitada. Muchas familias tenían como base de su alimentación la yuca, el plátano y el arroz, pero no contaban con fuentes sostenibles de proteína animal.
Criar gallinas o peces era casi imposible debido al alto costo de la soya y la harina de pescado, insumos que además tenían un impacto ambiental considerable. Ese diagnóstico lo llevó a buscar una alternativa.
“Pensé en trabajar con insectos, que pueden ser la base de la alimentación animal y mejorar la calidad de vida en todo el territorio. Además, su crianza demanda residuos orgánicos como materia prima, lo que permite resolver la gestión de estos residuos y, al mismo tiempo, generar oportunidades para las comunidades que no tienen cómo criar a sus animales. Es un modelo completamente sostenible”, explica nuestro egresado.
Un nuevo amanecer
Los insectos ofrecían una solución inesperada, eficiente y sostenible. Con esta idea nació KAWAT, un emprendimiento que no solo cerraba el ciclo de los residuos, sino que fortalecía la seguridad alimentaria de familias que necesitaban alternativas reales.
Hoy KAWAT opera desde la Amazonía y con dos plantas: una dedicada a la crianza de larvas y la valorización de residuos orgánicos, y otra enfocada en la elaboración de productos proteicos para los sectores avícola y porcícola. El proyecto lleva tres años y medio de funcionamiento, y cuenta con un equipo de ocho personas.
KAWAT ha logrado convenios con las municipalidades provinciales de Moyobamba y Rioja, que proporcionan los residuos orgánicos que sirven como materia prima. Esto no solo garantiza el abastecimiento, además resuelve un problema municipal de gestión de residuos.
El reconocimiento nacional llegó con el Desafío Kunan 2025, el premio anual más relevante para los emprendimientos de impacto social y ambiental en el Perú. Su objetivo es identificar, potenciar y acompañar iniciativas con resultados concretos. Para Uriel, la decisión de postular fue estratégica. “La visibilidad es sumamente importante”, señala, consciente de que ningún emprendimiento crece si las personas no lo conocen.
Además del capital semilla, el concurso le permitió acceder a una importante red de contactos y a un proceso de fortalecimiento que incluía bootcamps y talleres presenciales y virtuales. Allí reflexionó sobre el propósito de KAWAT, su visión de largo plazo y su impacto real en las comunidades amazónicas.
De cara al futuro, Uriel visualiza a KAWAT como una empresa pionera en la industria de insectos en Latinoamérica. Aspira a impulsar normativas y regulaciones que permitan desarrollar este sector emergente en el Perú. También proyecta expandirse hacia la producción de alimentos para peces y entrar al mercado de bonos de carbono, gestionando hasta diez mil toneladas anuales de residuos orgánicos.
Su mensaje para los futuros biólogos es directo y nace de su propia experiencia: “Que vean la biología no solo como algo técnico o científico, sino como un conocimiento que puede aplicarse en la sociedad y ser útil para las personas y las comunidades. A veces seguimos siendo biólogos muy introvertidos, y deberíamos buscar llegar con una ayuda social a más personas. También es importante mirar el enorme potencial megabiodiverso del Perú como una oportunidad para generar impacto en la sociedad y en el medio ambiente” puntualiza.
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