Miguel Grau en la memoria colectiva
Miguel Grau, Caballero de los Mares, no solo alcanzó inmortalidad en Angamos; su huella de vida lo elevó como un ejemplo eterno de honor, integridad y compromiso con el Perú.
Muchos reconocemos a Miguel Grau por su heroica actuación durante la Guerra del Pacífico, al mando del monitor Huáscar, donde desplegó un genio táctico admirable y una valentía serena ante la adversidad. Durante más de cinco meses enfrentó, con honor y coraje, a una escuadra superior, desafiando al enemigo y al destino, hasta su inmolación en el combate de Angamos, el 8 de octubre de 1879.
Pero Grau no fue solo comandante de nuestra Marina. Se desempeñó también como parlamentario. Elegido diputado por la provincia de Paita en 1876, ejerció su función con la misma integridad que mostró en el mar. “Desde su escaño, defendió con firmeza la necesidad de fortalecer las instituciones del Estado, en especial nuestra escuadra, no como instrumento de guerra, sino como base de su defensa”, explica Silvio Alva Villamón, presidente de la Asociación Nacional Pro Marina del Perú.
Su labor legislativa fue siempre reflexiva, prudente y centrada en el interés del país, ajena a cualquier afán personal o partidario.
“Su paso por este Congreso debe servir de espejo. En tiempos donde la nación enfrenta tensiones, desafíos estructurales y una ciudadanía que exige rectitud, la memoria de Grau nos interpela. Nos recuerda que el poder es servicio, que el mandato exige honorabilidad, y que la política, en su mejor expresión, es un acto de servicio por el Perú”, indica.
Para Alva Villamón, desde las más altas posiciones de gobierno hasta los más jóvenes ciudadanos, Grau fue, ante todo, un hombre de bien. Un peruano de corazón limpio, cuya vida fue congruente con sus ideales, y cuya muerte fue coherente con su vida.
La familia
Son muchos los que coinciden en que, a lo largo de su vida, el Peruano del Milenio encarnó claros principios, tales como la valentía, la nobleza, la dignidad, la justicia, el respeto por la vida y el liderazgo.
“Entre sus virtudes destacaban la justicia en su proceder, la fidelidad a sus convicciones y el respaldo a causas justas por encima de intereses particulares, incluso a costa de su libertad y de la tranquilidad de su familia”, refiere César Puerta Villagaray, docente titular del Departamento de Historia de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
El catedrático pone en relieve el rol de padre y cabeza de familia, al convertirse en ejemplo de un ser humano que enfrenta el drama de la tensión de quien tiene que decidir entre el deber con su patria y los afectos familiares.
“Grau tuvo una familia numerosa. Existen muchos testimonios que nos muestran a un padre amoroso y preocupado por el bienestar y el futuro de sus hijos. La carta que escribió a su esposa, Dolores Cabero, en mayo de 1879, poco antes de partir a su primera misión, es esclarecedora: le manifiesta una gran preocupación por la educación de todos ellos”, agrega Puerta.
En dicho documento, les dice que destine todos sus recursos a ese objetivo. Vemos aquí a un padre que sabe que puede dejar solos en la vida a sus hijos y que considera que lo mejor que una persona puede tener para valerse en la vida es, justamente, la educación.
El catedrático pone en relieve el rol de padre y cabeza de familia, al convertirse en ejemplo de un ser humano que enfrenta el drama de la tensión de quien tiene que decidir entre el deber con su patria y los afectos familiares.
“Grau tuvo una familia numerosa. Existen muchos testimonios que nos muestran a un padre amoroso y preocupado por el bienestar y el futuro de sus hijos. La carta que escribió a su esposa, Dolores Cabero, en mayo de 1879, poco antes de partir a su primera misión, es esclarecedora: le manifiesta una gran preocupación por la educación de todos ellos”, agrega Puerta.
En dicho documento, les dice que destine todos sus recursos a ese objetivo. Vemos aquí a un padre que sabe que puede dejar solos en la vida a sus hijos y que considera que lo mejor que una persona puede tener para valerse en la vida es, justamente, la educación.
Seguir su ejemplo
La vida de Grau estuvo llena de retos y dificultades, y con frecuencia tuvo que tomar decisiones difíciles que siempre supo enfrentar. A lo largo de ese largo camino, la valentía, la nobleza, la dignidad, la justicia y el liderazgo que demostró, lo ayudaron.
Su sacrificio en Angamos, como acto final, es un ejemplo para todos. Pero no nos quedemos solo con la imagen del héroe de la guerra. El mejor tributo a Miguel Grau es hacer todo lo posible para practicar en cada acto de nuestras vidas las virtudes que él encarnó.
Liderazgo y valentía
Antes del estallido del conflicto, en abril de 1879, y mucho antes de las gestas heroicas e imborrables que Miguel Grau protagonizó en Iquique y Angamos, ya eran numerosas las acciones sobresalientes que delineaban su trayectoria.
Se sabe, por ejemplo, que desarrolló una amplia experiencia en diversas actividades vinculadas al mar y que, prácticamente desde su ingreso a la Marina, en 1854, hasta su designación como comandante general en 1877, el futuro Gran Almirante asumió múltiples tareas.
Una de las más importantes fue su participación en la Guerra contra España, en 1866. En ella, Grau tuvo un papel trascendental en el Combate de Abtao. Allí actuó como comandante de la corbeta Unión y contribuyó, junto a los barcos chilenos, a rechazar a la armada española que amenazaba con invadir nuestros recién independizados países. Con esta acción militar en el mar, Grau se convirtió en ese momento en uno de los marinos con mayor experiencia de combate en el Perú, algo que sería muy importante, una década después, durante la Guerra del Pacífico.
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